El armario de los calcetines desparejados
En la habitación de Oliver había un gran armario de madera clara que a él le daba un poco de reparo cuando se hacía de noche. A veces, entre las sombras de las puertas entreabiertas, Oliver imaginaba monstruos ruidosos escondidos entre la ropa colgada.
Una noche, mientras intentaba dormirse acurrucado con su osito de peluche, escuchó un suave ruidito que salía del cajón inferior del armario: «¡Chis-chis, risas por aquí, saltos por allá!».
Armándose de valor y encendiendo la linterna de juguete con forma de luciérnaga, Oliver se bajó despacito de la cama y abrió el cajón con mucho cuidado.
Para su gran sorpresa, ¡no había ningún monstruo! Lo que había dentro era una auténtica fiesta de colores. Todos los calcetines que habían perdido a su pareja en la lavadora —el calcetín amarillo de lunares verdes, el rojo con rayas azules y el de dibujos de dinosaurios— estaban fuera de sus compartimentos saltando y bailando como si fuera un parque de atracciones.
—¡Hola, Oliver! —le saludó un calcetín de rayas rojas haciendo una reverencia—. Sentimos el alboroto, pero cada vez que apagas la luz, abrimos la gran pista de baile de los calcetines desparejados.
Oliver no podía creer lo que veía. El calcetín de dinosaurios jugaba al tobogán deslizándose por las perchas, mientras que un par de calcetines con dibujos de estrellas hacían piruetas en el aire.
—¿Pero no os da miedo la oscuridad de dentro del armario? —preguntó Oliver con los ojos muy abiertos.
—¡Para nada! —respondieron todos en coro—. La oscuridad dentro del armario solo es el telón de un escenario mágico. Sirve para que las luces de nuestra fiesta se vean mucho más bonitas.
Oliver soltó una gran carcajada, se puso el calcetín de lunares en una mano como si fuera una marioneta y estuvo jugando un rato con ellos hasta que le entró sueño. Al regresar a la cama, miró al armario con una sonrisa en los labios, comprendiendo que en su interior no había nada a lo que temer, sino un rincón lleno de diversión y fantasía.
Moraleja: Los lugares oscuros no esconden monstruos ni peligros, sino espacios donde la imaginación y las cosas divertidas esperan para hacerte sonreír.