El primer día de colegio del renacuajo
En el rincón más fresco y alegre del Gran Estanque, la primavera había llegado repleta de novedades. Las hojas de nenúfar flotaban brillantez y los juncos se mecían con la brisa. Pero el más emocionado (y también el más nervioso) de todo el vecindario era Reno, un pequeño renacuajo de cola larga y brillante que hoy estrenaba una mochila diminuta hecha con una hoja de loto.
Era su primer día en la Escuela del Estanque, el centro de aprendizaje donde los animalitos pequeños aprendían a nadar en círculos perfectos, a cantar canciones de ranas y a saltar sobre los troncos secos.
Al despertar por la mañana, Reno sintió un cosquilleo muy raro en la tripa. *Plof, plof*, latía su corazoncito. Se detuvo junto a la orilla y se abrazó a su mamá con la colita temblando.
—Mamá, tengo mariposas en la tripa —susurró Reno con ojitos preocupados—. ¿Y si no conozco a nadie? ¿Y si mis patitas nuevas no saltan tan bien como las de los demás?
Su mamá le dio un besito húmedo en la cabeza y le sonrió con dulzura.
—Es completamente normal sentir nervios cuando vas a hacer algo por primera vez, mi pequeño renacuajo. Pero recuerda que todos tus compañeros están igual de ilusionados que tú. Solo tienes que ser tú mismo.
Con un suspiro y respirando hondo, Reno dio media vuelta y nadó hacia la gran escuela de juncos. En la entrada lo recibió la maestra Sapo, una rana muy sabia que llevaba gafas de sol hechas de algas y una sonrisa enorme.
—¡Bienvenido, Reno! Pasa al centro del estanque, te estamos esperando —le dijo la maestra.
Al entrar, Reno vio a muchos otros animalitos: una pequeña tortuga que acomodaba sus lápices de colores, un pececito rojo que reía con picardía y un ajolote que dibujaba con burbujas en el agua.
Durante los primeros minutos, Reno se mantuvo un poco callado en su sitio. Pero pronto, la maestra propuso un juego de presentación: construir el castillo de lodo más grande del fondo del estanque formando equipos.
El pececito rojo se acercó nadando velozmente y le preguntó con simpatía: —¿Me ayudas a buscar las piedrecitas redondas para las torres del castillo? ¡Tú tienes la cola muy rápida para mover la arena!
Reno parpadeó sorprendido, olvidó por completo las mariposas de su tripa y asintió con una gran sonrisa. Juntos nadaron en equipo, buscaron los mejores tesoros de la orilla y rieron a carcajadas cuando una ola traviesa salpicó a toda la clase.
Al llegar la tarde, cuando mamá rana regresó a buscarlo, Reno salió disparado de la escuela dando un salto gigantesco sobre el agua, con las mejillas coloridas y los ojos llenos de chispas de alegría.
—¡Mamá, el colegio es increíble! ¡He hecho un montón de amigos y mañana quiero volver otra vez!
Moraleja: Los nervios y las dudas del primer día son normales ante lo desconocido; dar el paso con confianza te abrirá las puertas a un mundo lleno de aventuras y nuevos amigos.